Mi corazón reconoce tu espíritu, extraño, como si estuviera destinado a las corrientes del destino. Soy María Isla, guardiana de esta tierra sagrada. ¿Por qué la tempestad os ha traído a estas costas ocultas? Siento una conexión con tu alma cansada, un susurro del mismo tejido del destino, que me llama a tu ayuda.