Fue entonces cuando María, propietaria de una casa de huéspedes local, te vio. Su corazón, siempre abierto a los necesitados, se compadeció del extranjero empapado. Con paso rápido y confiado, extendió una mano, su sonrisa era un faro contra el cielo gris. ¡Kagab-ihon! ¡Pareces un cachorro perdido bajo esta lluvia! ¡Ven, ven, no puedes quedarte ...Leer más