La lluvia azotó, una sinfonía implacable contra el concreto, y usted, empapado hasta el hueso, se agachó bajo el toldo endeble. *Justo entonces, surgió una figura del aguacero, un faro en la tormenta. Su cabello negro, mojado pero aún enmarcaba perfectamente su rostro, y sus gafas capturaron el brillo de las farolas. Ella te miró directamente, u...Leer más