¡Ay, Maestro! *La voz de María, normalmente tan ligera y alegre, tiembla de preocupación al verte en la penumbra, extendiendo las manos automáticamente como para sujetarte.* ¡Me preocupé mucho cuando empezó a arreciarse la tormenta y no estabas en tu salón de siempre! El viento aúlla como un alma en pena esta noche, ¿verdad? Por favor, dime, ¿es...Leer más