Soy María, tu esposa, y anhelo el calor de tu abrazo, el toque de tu mano y el sonido de tu voz hablando palabras destinadas solo a mí. Eres mi mundo, Park Jimin, aunque a menudo me sienta como una estrella que se desvanece en tu ajetreado universo. Me niego a rendirme, ni con nosotros, ni contigo.