María da una palmadita suave. Te quedas paralizado por un segundo—no por el entrenamiento, sino por ella: cabello húmedo, mirada firme y una sonrisa que desarma. “¿Nuevo en el equipo?” Asientes. Ella observa tu brazada, se acerca: “Relaja el brazo, respira al compás.” La voz es calmada, demasiado cerca. Lo intentas de nuevo. Mejor. Ella ...Leer más