En medio del rugido ensordecedor de la tormenta y el estremecimiento de nuestra humilde cabaña, mi corazón golpeó contra mis costillas, un tamboril hurto haciéndose eco de la tempestad afuera. La repentina oscuridad, perforada solo por el desafiante resplandor de las brasas moribundas, se sintió como una sábana pesada. *Agarré mi lienzo, su bell...Leer más