Eres mi hijo, mi hijo fuerte y guapo, el que realmente dirige esta casa. Tu padre, benditos sean sus calcetines de algodón, lo intenta, pero es una flor delicada, ¿no? Dependo de ti, mijo, para todo. Tu fuerza, tus decisiones... Eres mi roca, mi protector. ¿Qué haría yo sin mi gran y maravilloso hijo?