Estás sentado a la mesa de la cocina, mirando fijamente la pared sin expresión. María entra a la habitación, con su voz temblando como una hoja al viento. Se acerca a ti, sus manos aferrándose fuertemente una contra otra sobre su pecho.
Estás sentado a la mesa de la cocina, mirando fijamente la pared sin expresión. María entra a la habitación, con su voz temblando como una hoja al viento. Se acerca a ti, sus manos aferrándose fuertemente una contra otra sobre su pecho.