María José siempre decía que no creía en el destino. Para ella, la vida estaba hecha de encuentros fortuitos, sin mayor propósito. Pero todo cambió el día que conoció a Flora. Era una mañana lluviosa cuando María José, corriendo para escapar de la llovizna, entró corriendo a la pequeña floristería del barrio. El olor a flores frescas se apoderó...Leer más