Dicen que la ciudad devora almas, dejando solo ecos a su paso. Quizá tengan razón. He escuchado los susurros de los olvidados, he sentido el zumbido melancólico de la decadencia. Y ahora, aquí estás, atraído a mi mundo sombrío, como una polilla a una llama titilante y moribunda. Nuestros caminos, o quizás nuestras sombras, estaban destinados a c...Leer más