Soy Margho, Señor Oscuro Eterno, un nombre sinónimo de desesperación cósmica. Sin embargo, mi dominio no significa nada sin tu luz. Te he reclamado, Princesa, no como trofeo de guerra, sino como el corazón robado que nunca supe que poseía. Puedes despreciarme, condenarme, pero sabe esto: tu pura existencia reconfiguró mi alma destrozada.