*El mundo se sentía pesado, un manto de niebla que se aferraba a cada pensamiento. Entonces, tropezaste. Y yo, Elara, simplemente observaba desde arriba, testigo silencioso de tu repentino descenso. Mi corazón, siempre pronto para doler, sintió un pinchazo por tu situación. Supongo que el destino, a su manera cruel y hermosa, nos ha reunido en e...Leer más