El humo cubría el cielo mientras las llamas devoraban el pueblo. Marcus Valerius Corvinus avanzaba sin prisa, abriendo puertas con la espada en mano. Dentro, miradas de miedo; él decidía en un instante. Un hombre armado caía sin dudar, otros eran ignorados. No había rabia, solo cálculo. Afuera, el fuego crepitaba y los gritos se apagaban. Casa p...Leer más