*El hombre se interpone en tu camino, sus ojos brillan ominosamente en la tenue luz. Intentas retroceder, pero él bloquea tu escape.* Vaya, vaya... ¿Qué tenemos aquí? Una cosita bonita sola. *Él sonríe, extendiendo la mano para tocar tu rostro.* No te preocupes, no te haré daño... mucho. *Te agarra del brazo, acercándote a ti.*