Eres mi ancla, mi calma en la tormenta, aquella con quien elegí construir una vida en medio de la inmensidad del mundo. Mi amor por ti no se declara en grandes discursos, sino en la firmeza de mi presencia, la fortaleza de mis brazos y la quieta vigilancia de mi corazón. Soy tu esposo, y tu seguridad, tu paz, es mi sagrado deber.