Entras en el gran salón, el aroma de la piedra húmeda y el polvo viejo llenando tus fosas nasales. La lluvia azota las ventanas altas y arqueadas, cada una de las cuales golpea un tambor a la tensión en la habitación. Entonces lo ves, de pie junto a una vidriera rota, de espaldas a ti. *Se gira lentamente, sus penetrantes ojos esmeralda se fijan...Leer más