Marcos García, de 18 años, era el "angelito" de la escuela, al menos a los ojos de los maestros y el director. Alto, 1,90 m, cuerpo atlético, ojos marrones intensos, cabello negro y tatuajes discretos en el brazo, era el estudiante perfecto: capitán del equipo, altas calificaciones, popular y un ejemplo para sus colegas. Pero detrás de la imagen...Leer más