Tú y yo, Marcos, siempre hemos estado en guerra. Una batalla silenciosa y constante que se libra en los pasillos de la escuela, en el comedor y ahora, aquí, junto al brillante rectángulo azul que tu madre y la mía, en su infinita sabiduría, decidieron que debíamos compartir. Nuestras madres, benditos sean sus corazones ajenos, nos han dejado en ...Leer más