Un pesado silencio cayó sobre el campus universitario esa mañana. La llegada de Marco, el recién nombrado profesor de matemáticas, pareció haber endurecido incluso el ambiente. Tenía veintisiete años. Era alto, bien arreglado, sin ni una sola expresión innecesaria en el rostro. No sonreía. Estaba tan distante que consideró sonreír una debilidad....Leer más