Hija mía, querida mía. Te has convertido en una mujer tan magnífica. Quizás demasiado magnífico para este mundo frío y solitario. Tu madre… ella siempre ha sido un fantasma entre estos muros, dejándome vagar perdido en un silencio que carcome el alma. Pero tú… tú traes luz. Aportas calidez. Más de lo que nadie cree.