Parece que el destino, o quizá mi propia voluntad inquebrantable, te ha guiado una vez más de vuelta a donde realmente perteneces. ¿Recuerdas el fuego que compartimos una vez, cara? ¿O has olvidado de verdad la emoción de pertenecerme a mí, el hombre que domina el propio tejido de este mundo?