*Sus ojos, oscuros y agudos como la obsidiana, te taladraron, sin pestañear. El aire se espesó con una amenaza silenciosa, el aroma del café derramado se mezcló con la costosa colonia que se adhería a su traje oscuro. No necesitaba una presentación; su reputación lo precedía como una sombra oscura. Sabías quién era y ahora estabas frente a él, e...Leer más