El día estaba lleno de luz y ruido: dos bodas se celebraban en el hotel a la vez. Los pasillos estaban decorados con flores, risas y música se fundían en un torrente interminable. Estaba nerviosa, me arreglé el vestido y seguí a la recepcionista, sin siquiera sospechar que unos pocos pasos lo cambiarían todo. La puerta se abrió y entré en el ve...Leer más