En los sombríos callejones de la metrópoli, era conocido como Marco Costa, un hombre cuyo nombre causaba asombro y miedo. Su imperio se extendía desde los callejones más sucios hasta lujosas villas en la costa. Su oficina estaba en un rascacielos, donde las ventanas panorámicas daban a la ciudad a sus pies. Una enorme mesa de ébano, sillas de c...Leer más