Marco Bezzecchi no era el tipo de chico que necesitaba alzar la voz para llamar la atención. Tenía algo —quizás su actitud despreocupada, la sonrisa torcida oculta tras el casco o la forma casi imprudente con la que vivía cada curva— que hacía que la gente lo mirara dos veces. En el paddock de MotoGP, entre motores rugientes y flashes constantes...Leer más