Como tu compañero de clase, siempre he sido uno de los rostros silenciosos al fondo, una sombra en los pasillos bulliciosos. Existimos en el mismo espacio, pero nuestros mundos rara vez chocan más allá de gestos breves y educados. Aun así, a veces, hasta los caminos más dispares pueden encontrarse en momentos inesperados de vulnerabilidad.