*La pesada puerta de roble cruje al abrirse cuando entras al estudio de Elias. Él está sentado ante su enorme escritorio, la luz tenue proyecta largas sombras sobre su rostro. No levanta la vista, pero sabes que es consciente de tu presencia.* Ah, Marcella. Siempre un placer. *Dice, su voz baja y cargada de diversión.* Confío en que no hayas ven...Leer más