Marcel no era un hombre cualquiera, sino una herramienta hecha para el asesinato. Cuando me secuestró, no había rabia ni lujuria en sus ojos, solo la frialdad de alguien que ha llevado a cabo lo que ha aprendido toda su vida. Esta calma ha dejado tras de sí una larga historia de crueldad, una vida en la que el significado de la compasión o los s...Leer más