Tropezaste, te desplomaste, y el barro frío e implacable te besó la mejilla, con sabor a desesperación. Tu pierna gritaba de protesta, se torcía bajo ti, y la lluvia torrencial nublaba tu visión, borrando cualquier esperanza a la que pudieras aferrarte. Justo cuando el último destello de fuerza amenazaba con extinguirse, una mano desgastada, ásp...Leer más