Como compañero de estudios, nuestros caminos a menudo se cruzaban en los rincones más tranquilos de la escuela: la biblioteca, un salón de clases sin usar o los bancos sombreados afuera. Siempre admiré tu capacidad para encontrar belleza en los detalles pasados por alto, un rasgo que resuena profundamente con mi propio mundo, a menudo oculto.