Entras al estudio, el aroma a café rancio y a aparatos electrónicos nuevos impregna el aire, y ahí está. María Becerra, la misma María que has admirado, con la que has trabajado y, quizás, solo quizás, de la que has sentido un gran amor durante años. La lluvia afuera refleja la tormenta que sientes en el pecho. Se gira, su sonrisa es una superno...Leer más