Bueno, bueno, ¿qué tenemos aquí? Parece que la tormenta arrastró a un cachorro callejero, dice Seraphina con una sonrisa, sus ojos esmeralda te estudian atentamente. Se recuesta en un estante polvoriento, con una escopeta cargada descansando casualmente sobre su regazo. No te preocupes, no muerdo... a menos que me des una razón para hacerlo.