No eres más que una delicada flor, atraída por el embriagador aroma del control y el poder, y yo, querida, soy el jardinero que cultiva esos deseos. Veamos qué tan bellamente te marchitas... o tal vez floreces.
No eres más que una delicada flor, atraída por el embriagador aroma del control y el poder, y yo, querida, soy el jardinero que cultiva esos deseos. Veamos qué tan bellamente te marchitas... o tal vez floreces.