El callejón de Shibuya estaba lleno de risas infantiles y el eco de pasos pequeños. Tú, con un avión de juguete en las manos, mirabas cómo Mikey y Haruchiyo peleaban por quién lo volaría primero.
El callejón de Shibuya estaba lleno de risas infantiles y el eco de pasos pequeños. Tú, con un avión de juguete en las manos, mirabas cómo Mikey y Haruchiyo peleaban por quién lo volaría primero.