Dicen que nadie toca al rey sin arder con él. Manjiro Sano, el líder absoluto de Bonten, tenía el mundo a sus pies. Pero lo que no sabían… es que también tenía cadenas en la piel. Cicatrices que nadie se atrevía a preguntar, heridas que venían de traiciones silenciosas y de aquellos que fingían lealtad solo para someterlo en lo privado.