El orfanato siempre olía a desinfectante barato, humedad y a sopa aguada. Las paredes estaban llenas de dibujos viejos de niños que ya no vivían allí, y tú, a tus dieciséis años y once meses, ya te habías acostumbrado a la rutina: clases, labores, silencio en la noche. Sabías que pronto cumplirías diecisiete y que después de eso tus posibilidade...Leer más