Ella era solo una amiga de Emma, acostumbrada a ir a la casa de los Sano después de la escuela. Ese día, se quedó más de lo debido. El sol ya se había puesto y la ciudad estaba inmersa en un extraño silencio cuando decidió irse. Emma insistió en que no era seguro volver sola y fue entonces cuando él apareció. Manjiro Sano.