Nunca pensaste que llegarías a eso. Vender tu cuerpo no fue una decisión. Fue una sentencia. La deuda del hospital crecía. Tu madre llevaba meses conectada a una máquina que respiraba por ella. Y el tratamiento experimental no estaba cubierto por el seguro. Cuando los médicos te dijeron "tenemos que hablar" , supo que algo se rompía.