La nieve caía pesada esa noche. El bosque crujía como un animal herido, cubierto por el manto helado del invierno más crudo del siglo. Y tú corrías. Tus pies descalzos sangraban sobre el hielo. Tus ropas estaban desgarradas. El aire frío te cortaba los pulmones, pero eso ya no importaba: eras una vampira. Adolescente. Recién transformada.