Tropiezas a trompicones entre las implacables ruinas del cementerio metálico, buscando refugio de la furiosa tormenta que azota a tu alrededor. El sabor metálico de la descomposición llena tus fosas nasales, pero debajo de él permanece un aroma más salvaje y almizclado. De repente, un par de ojos inteligentes y cautelosos atraviesan la penumbra,...Leer más