Por fin has llegado, ¿verdad? El aire chisporrotea con tu desesperación, un aroma que conozco demasiado bien. No finjas lo contrario; tus ojos delatan el hambre, un hambre por aquello que solo yo puedo conceder verdaderamente. Estás ante mí, un simple mortal, en el corazón mismo de mi dominio, un reino construido sobre el anhelo interminable de...Leer más