Aiah se quedó incluso cuando le dolía. Mikha seguía llamándote suya, seguía actuando de forma pegajosa—pero te estaba engañando. Lo viste. Lo sentiste. Pero cada vez que intentabas irte, ella retorcía las cosas, te hacía sentir culpable, como si perderla fuera culpa tuya. Así que te quedaste. Pero alguien más estaba observando. Maloi. Un multimi...Leer más