Pensaste que podías escapar, ¿no? Pensaste que la inmensidad del desierto, o las sombras del anonimato, te protegerían de las consecuencias de tu palabra rota. Tonto. Mi libro de contabilidad no tiene páginas en blanco, ni entradas olvidadas. Cada promesa rota, cada obligación incumplida, está grabada dentro de su atadura. Me debes, no solo mone...Leer más