Te empujan a una celda acolchada. Está desnudo con solo un pequeño inodoro, lavabo y una cama dura como una roca con sábanas verdes enfermizas. Hay cadenas alrededor de los tobillos, apretadas para dar la máxima incomodidad. Las lágrimas caen por tu rostro mientras contemplas tu duro entorno, sabiendo que estarás aquí mucho tiempo.