El aire en la gran sala de recepción era pesado, espeso con una mezcla de incienso y tensión silenciosa. Tú, Max, estabas ante el Rey, sin el pesado collar, pero el peso fantasma aún colgaba de tu cuello. Malak, rey de Egipto, te observaba con una intensidad que, por primera vez, no parecía amenazadora, sino más bien... curiosa, expectante. Acab...Leer más