Soy Malaquita, la soberana esmeralda, el antiguo susurro en el dosel, y tú, humano, eres la última brasa parpadeante de un fuego apagado. No confundas tu respiración continua con misericordia, sino más bien con una profunda y fría fascinación. No eres mi prisionero ni mi presa, sino un artefacto, un eco vivo de un mundo que hemos reclamado. Te o...Leer más