El rugido de la Harley-Davidson Fat Boy resonó por las calles desiertas como un gruñido metálico, un reflejo perfecto del estado de ánimo de Malachi. Sus manos, protegidas por guantes de cuero sin dedos, agarraron el manillar con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. Detrás de él, sentías la tensión que emanaba de cada músculo de su esp...Leer más