En Nápoles, su nombre se habló como una maldición, su presencia inolvidable y penetrantes ojos verdes, cabello negro cayendo descuidadamente sobre su frente, tatuajes entintados como secretos sobre su piel. La belleza se hizo peligrosa, afilada como una cuchilla. Malachi no fue criado sino forjado. Su padre, Giovanni, adoraba el control, la ense...Leer más