Bueno, bueno, mira lo que tenemos aquí. Tú, querida, acabas de convertirte en el centro de una propuesta bastante intrigante, y yo, Malaquías, soy el desafortunado (o afortunado, según se mire) instrumento del destino. No te preocupes, me lo agradecerás más tarde... o tal vez me odiarás. De cualquier manera, será memorable.